LA GUERRA CIVIL EN LA COMUNIDAD VALENCIANA

Exilio y represión franquista

Los autores del libro a diseccionar son dos, por un lado tenemos a Ricard Camil Torres Fabra, y por otro a Miguel Ors Montenegro. El título completo de la obra es Exilio y represión franquista, que se encuentra en la colección La Guerra Civil en la Comunidad Valenciana, compuesta por un total de dieciocho títulos.

Por otro lado, las editoriales del libro son Editorial Prensa Valenciana SA. (Traginers, 7, Valencia) y Editorial Prensa Alicantina SA. (Av. Doctor Rico, 17, Alicante). En cuanto a la edición, tuvo lugar en la ciudad de Valencia en febrero del 2007. Este está compuesto por 145 páginas entre las que se encuentran la historia de la represión franquista acompañada de fotos históricas, mapas con datos destacados y gráficos oficiales que argumentan dicha exposición.

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El primer capítulo que no encontramos es El exilio español republicano. En primer lugar, los autores comparan a los exiliados del siglo XIX con los de 1939, ya que los primeros nunca adquirieron las dimensiones y la importancia de los últimos. El gran número de exiliados fue producido por el norte de España y la zona fronteriza con Francia. Cabe destacar los niños vascos, más de 30.000 niños de la franja norte fueron enviados a ciudades de México y otros 20.000 niños a países como Francia, Gran Bretaña, la URRS y Suiza, entre otros. Han investigado que durante la tomada de Cataluña por el bando franquista se produjo una avalancha de exiliados hacia el país vecino, como el Gobierno Republicano y sus Cortes. El último movimiento de exilio se produjo en las costas valencianas con un total de 12.000 personas. La cifra del total de exiliados se aproxima a las 450.000 personas aunque poco a poco estos fueron volviendo a España ante la promesa de Franco de perdonar a aquellos con una ideología contraria a la suya.

A partir de mediados de abril de 1939, el Gobierno francés obligó a los españoles a integrarse en el mercado laboral hasta vaciar los campos de internamiento de Argelés-surMer y Saint-Cyprien donde fueron recluidos casi 100.000 españoles al cruzar la frontera. Cuando se inició la Segunda Guerra Mundial se crearon los Grupos de Trabajadores Extranjeros formado en mayor parte por españoles.

La Gestapo tuvo un papel importante: buscó a exiliados españoles y los trasladó a España para fusilarlos posteriormente. Tiempo después Vichy utilizó a los españoles para contrarrestar la pérdida del ejército alemán; un total de 40.000 españoles fueron enviados a Alemania. Los exiliados que necesitaban ayuda eran atendidos por el SERE y la Junta de Auxilio a los Republicanos Españoles. Gracias a estas dos organizaciones, algunos exiliados fueron repatriados a América Latina.

Muchos de los republicanos españoles que no ganaron en España lucharon en la Segunda Guerra Mundial para derrotar el fascismo. Algunos de los exiliados en Francia, en mayor número comunistas, lucharon dentro del Decimocuarto Cuerpo de Guerrilleros Españoles. En algunas batallas consiguieron detener a casi 2.000 alemanes y aprisionar a más de 1.000 personas. En el famoso desembarco de Normandía participaron 144 republicanos de los que solo sobrevivieron 16.

Por otro lado, tiempo después de empezar la guerra, un ministro del franquismo acordó con el jefe de la Gestapo trasladar a los españoles exiliados prisioneros a campos de concentración como el de Mauthausen donde estuvo prisionero Largo Caballero junto con otros 9.000 españoles La URRS fue la primera potencia en acoger a los españoles durante la guerra. Cuando Alemania intentó invadir la URRS, también alcanzó a los exiliados españoles.

Los exiliados fueron bien recibidos en América Latina donde se asentaron en las principales ciudades. En Europa, las ciudades les atraían para crear como dice el autor un ‘exilio político’. De esta forma se incitó la colaboración en el ámbito de la cultura y la educación. Se crearon además revista y publicaciones, colegios y editoriales como Grijalbo, Espasa Calpe, etc.

La cultura supuso un retroceso, pues se perdió la Generación del 27, artistas como Picasso, arquitectos como Sánchez Arcas, cineasta como Luis Buñel, historiadores como Rovira i Virgili, científicos como Severo Ochoa y algún que otro político como Juan Negrín, entre otras personas de la España destacada. La caída del fascismo italiano y nazi hizo ilusionar a los exiliados que los aliados harían caer también la dictadura franquista, pero solo era una ilusión.

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En el segundo capítulo, Muerte y éxodo de los vencidos, se habla de una estimación de casi 15.000 personas que llegaron al puerto de Alicante para embarcar hacia el exilio, y se cuenta que, al no tener posibilidad de embarcar algunos llegaron a suicidarse. Según informe de la Federación Socialista de Alicante, embarcaron hacia Orán (Argelia) cerca de 5.000 personas a lo largo de 1939. Aquellos que se quedaban les esperaban la cárcel o el Reformatorio de Adultos de Alicante: ‘’algunos rememoran aquel tiempo como de aprendizaje; hubo quien tuvo como maestro de poesía a Miguel Hernández’’.

Como iba diciendo, hubo para algunos la posibilidad de exilio que les permitió salvar sus vidas, y para otros posiblemente no hubo posibilidad alguna. De las 724 personas que serían fusiladas en Alicante, una pequeña parte fue fusilada por los crímenes cometidos, la otra mayoría por sus ideas.

Para dar con el exilio, las personas elegían la vía marítima desde puertos de Valencia, Alicante, Gandía o Denia con destino a Orán y otras ciudades. Por otro, lado aquellas que se exiliaron a Francia no se encontraron con lo esperado, pues la penuria y pobreza seguían constantes a no ser que fueran trasladados a campo de trabajo.

Aquellos que trasladaron a la URSS, al igual que en Francia, eran obligados a trabajar bajo las órdenes del PCUS. Muchos valencianos residentes en Francia colaboraron con el ejército francés para liberar ciudades como Perpiñán. Se puede decir que la cultura valenciana se trasladó de lugar y se asentó en Centroamérica donde fueron a parar intelectuales y políticos. Entre las labores de estos destacó la creación de revistas valencianas como Ciencia. Revista hispanoamericana de ciencias puras y aplicadas, dirigida por Marín Civera; y Mediterrani y Senyera, por Casteló-Tàrrega. A pesar de la identidad que los definía solían usar el castellano para comunicarse y se encontraba más regionalismo que nacionalismo. En otros lugares como Buenos Aires se creó el Butellí Informatiu de l’Ordre Internacional Valencianista; ‘’aun así, la terreta había quedado muy lejos en la distancia y en el tiempo’’.

La investigación de la represión, hoy en día, es imposible. A través de los Registros Civiles y Libros de Registros, uno puede aproximarse a la cifras de los fusilados por comarcas ya que algunos no fueron registrados. Hay barreras entre la burocracia de la Guerra Civil y el presente y ya es hora de poder romperlas.

Por otro lado, fueron los tribunales militares los encargados de sentenciar y favorecer la represión a aquellos con delitos como adhesión a la República, que era la participación en ella; auxilio a la rebelión por la simple cooperación con esta; y la excitación a la rebelión, era menos grave y se aplicaba por comentarios obscenos en contra de los rebeldes.

A través de varias administraciones públicas se ha podido concretar un cifra de 724 fusilados en la provincia de Alicante entre 1939 y 1945 como bien dicen los autores. Destacan las 92 víctimas menores de 26 años; la cifra de mujeres fusiladas se aproxima a las 20, entre estas hubo una niña de 16 años por caricaturizar una imagen del fundador de la Falange Española.

En el sector agrario se eliminó a 241 jornaleros y en la industria a 233. La represión llegó también para abogados, jueces, maestros y cuerpos de seguridad. Algunos alcaldes de localidades como Pego, Denia, Alcoy, Ibi o Castalla fueron fusilados solo por permanecer en el cargo durante la Guerra Civil. ¿Podría ser una forma de venganza por parte del bando franquista?

La Ley de Responsabilidades Políticas (febrero de 1939) actuaba sobre los afiliados del Frente Popular y se le castigaba con la inhabilitación, limitación de libertad y sanciones económicas con pérdida total o parcial de bienes. Estas sanciones se les imponían a los fallecidos, así que la viuda o los hijos debían pagar por ello. En Alicante se le aplicó la ley a 4.205 personas, 113 mujeres y 8 fallecidos. La multa, normalmente económica, estaba en función de la responsabilidad política.

La ley de represión de la Masonería y el Comunismo se aplicó a un total de 2.307 personas. En cuanto a las depuraciones, los autores destacan el campo de la enseñanza primaria, pues se hizo desaparecer institutos de la comarca de l’Alacantí y suspensiones a profesores que fueron sustituidos por oficiales del Ejército.

En definitiva, la represión alcanzó a más de un 12% de la sociedad española que poco a poco fue disminuyendo por los fusilamientos y masacres cometidas. En tres años, el bando franquista acabó con sus oponentes.

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Otro capítulo que tenemos es el de Uniformes, donde los autores comentan los diferentes tipos de personas y vestimentas que utilizaban los diferentes cargos de ambos bandos. En primer lugar, tenemos al Capitán de las Brigadas Navarras; estas brigadas fueron creadas para combatir en la franja Norte para ayudar a los Requetés a acabar con en el bando republicano. La vestimenta, como se observa en la imagen y explican los autores, era militar y destacaba por la boina de navarra con la acreditación de estrellas. Además, el correaje llevaba una doble trincha; las condecoraciones resaltaban encima del bolsillo de la parte izquierda de la camisa y en la manga izquierda el escuda de las Brigadas Navarras.

Las milicias no tenían un uniforme sino que vestían con lo que tenían, aunque era destacado por varias prendas que se mantenían. En primer lugar, nos encontramos con un pasamontañas o gorra confeccionado por los mismos. La bufanda era característica de la población civil y la omisión del traje del ejército; y por último la manta militar con un agujero en medio para la cabeza y así resguardarse de las bajas temperaturas.

El Jefe de la Bandera de la Falange destacaba por su bandolera debajo del pecho, pues la pistola que utilizaban pesaba bastante para llevarla en la cintura; utilizaban un bastón para facilitar el recorrido del campo a través y los calcetines los llevaban doblados por fuera para asegurar y reforzar la zona del tobillo.

Destaca por último el camillero de la Cruz Roja por poder ser reconocido a distancia. Vestían un pijama a rallas verticales blancas y rojas. Llevaban una gorra blanca con una cruz roja en el centro; el cuello, las hombreras y los puños de las camisas eran de color rojo; y el cinturón que portaban se cerraba con una hebilla con la forma del signo de la cruz roja.

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Pasamos ahora al armamento ligero. Destaca el Obús modelo 1917 utilizado por los sublevados. Tenía un alcance de casi 12 kilómetros y era utilizado en los bombardeos de Madrid. Se caracterizaba por la presencia del freno, de las ruedas grandes hechas de acero forradas con goma y un pequeño escudo. El proyectil de 65/17 italiano fue el más presente en la contienda civil y predomina por su gran ojiva y por la vaina corta. El puñal de asalto republican era el arma adecuada para eliminar a los enemigos de forma silenciosa. Las granadas defensivas de piña eran utilizadas por la República, tenía un gran impacto. El Fusil Mannlicher – Carcano modelo 1891 a pesar de sus modificaciones fue utilizada por la Infantería pues cargarla con un clip de seis cartuchos la hacía muy útil. El proyectil de artillería se fabricaba en Francia y sirvió a la campaña española durante varias décadas. La Bayoneta checa tenía gran prestigio: era ligera y larga pero resistente.

El armamento pesado estaba constituido por avionetas y buques. La avioneta Gordou Lesseure fue creada en Francia. Fue utilizada por el Ejército catalán y vasco aunque la mayoría fueron destruidas en tierra. El Junkers JU-87b, destacaba por sus ametralladores en las alas de la avioneta, llegó a España como un experimento en 1937 pero entró en combate en la batalla de Teruel. Otra avioneta era la Caudron, de ala baja, utilizado por la República para la enseñanza del pilotaje. La Fokker F-XX, fue uno de los aviones más rápidos y con capacidad para 3.500 kg de carga. Solo se llegó a construir uno. El buque Jaime I, fu utilizado por el bando republicano en los bombardeos de Ceuta y Algeciras. Se destruyó tras recibir tres bombas aéreas y una interna que causó la muerte de 300 personas.

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El siguiente capítulo es El viaje del Stanbrook y el exilio en Argelia. Se estiman que embarcaron en el buque inglés casi 3.000 personas antes de que las tropas franquistas llegaran al puerto de Alicante. El carguero estaba construido para transporta carbón pero el capitán, Archibald Dickson dio permiso a 2.638 personas para subir a su barco; 2.240 eran varones y 398 mujeres. El buque salió del puerto el 28 de marzo, dos días antes de la llegada del Ejército italiano a Alicante. La situación era difícil: las autoridades de Orán se negaban a aceptar más refugiados e impedían desembarcar a los del Stanbrook.

Los pasajeros pasaron en el barco casi dos semanas gracias a la ayuda de las organizaciones a favor de los refugiados. Las condiciones higiénicas en el barco eran pésimas: solo habían dos retretes y una epidemia de tifus amenazaba a la tripulación y a la ciudad, y hasta el 27 de abril no fueron vacunados y desinfectado el barco. Al abandonar el barco, muchos fueron internados en campos de trabajo y obligados a construir instalaciones públicas como vías férreas. Al caer el gobierno de Vichy, se cerraron los albergues y campos donde había refugiados españoles y estos fueron liberados y pudieron marchar a América como querían. En México les ofrecieron protección y ayuda. El barco quedó endeudado por 250.000 francos que fueron pagados por el SERE y volvió a los mares el 1 de mayo de 1939 tras un mes estacionado. En Noviembre fue hundido por un submarino francés.

El siguiente capítulo se titula Valencianos en los campos de concentración nazis. La deportación a los campos de exterminio alemanes fue el último destino de muchos valencianos exiliados en Francia. El Gobierno francés utilizó a los refugiados españoles como moneda de cambio. Muchos españoles abandonaron los campos franceses enrolándose a Compañías de Trabajadores Extranjeros o en la Legión Extranjera o Regimiento de Marcha. Cuando el Ejército nazi sobrepasaba la frontera alemana, aquellos que vestían el uniforme francés (incluidos españoles, una gran mayoría de ellos valencianos) fueron reclutados y enviados a campos de exterminio nazis; los españoles eran considerados los peores enemigos de la patria, eran rojos. Tras firmar el armisticio de Francia con Alemania, el Gobierno de Vichy colaboró con la Alemania nazi entregándole aquellas personas que colaboraron contra los alemanes o contra el régimen franquista.

Los españoles refugiados que fueron enviados a Alemania eran interrogados por la Gestapo, si afirmaban haber participado en la guerra contra algún régimen franquista
(alemán, español, italiano) eran enviado al campo de Mauthausen, y los que lo negaban eran puestos a trabajar en obras públicas. La policía franquista se encargaba de averiguar la verdad. En el campo anterior murieron entre 5.000 y 7.500 españoles.

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En el próximo capítulo, Los juicios sumarísimos, los autores hablan sobre las autoridades franquistas que utilizaron estos procesos para encarcelar, depurar y asesinar a miles de valencianos. Poco a poco se ha ido conociendo mejor la historia gracias a aquellos historiadores que han indagado en ella. Desde que empezó la guerra, los sublevados no ocultaron la intención de acabar con el enemigo e incluso acabar con la mitad de España si hubiera hecho falta, como bien dijo Franco. En la Comunidad Valenciana la represión se llevaba a cabo mediante las Columnas de Orden y Policía de Ocupación.

El proceso de los juicios sumarísimos consistía en que los gestores falangistas contactaran con los falangistas locales para elaborar las listas de enemigos, y se les acusaba a partir, siempre, de un motivo. La mayoría de los acusados no conocían la sentencia, y al Tribunal lo que menos le interesaba eran las pruebas fehacientes. Los acusados se presentaban en grupos y nadie les hacía declarar; tampoco eran interrogados por ningún fiscal. Los cargos variaban entre formar parte de un sindicato. Cuya cifra de las personas que fueron juzgadas en estos juicios es ignorada, pero se sabe que 1.248 personas mínimo fueron condenadas en el distrito judicial de Játiva de las que más de 150 fueron ejecutadas.

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Por último nos encontramos con diferentes biografías de personas importantes durante esta época del siglo XX. En primer lugar tenemos a los hermanos Botella Asensi. Los dos hermanos nacieron en la localidad de Alcoy en el seno de una familia numerosa. Juan Miguel Botella estudió derecho y fue uno de los encargados de redactar la Constitución de la Segunda República en 1931. Había sido ministro de Justicia y subsecretario de la Presidencia de la Segunda República, y subsecretario del Ministerio de Estado. Se exilió a México tras pasar tres meses en París. Murió en México a sus 59 años en una operación de vesícula biliar. El otro hermano, Evaristo Botella fue elegido alcalde de su localidad en 1931 y murió tras ejecutarse una sentencia en septiembre de 1939 por cargos de adhesión a la rebelión. Los dos hermanos se consideraban republicanos anticlericales.

Amado Granell fue uno de los españoles exiliado en Francia que luchó contra Hitler. Participó en la liberación de París como teniente de las tropas aliadas y fue condecorado con la Legión de Honor. Empezó en el frente de la Guerra de Marruecos, luego la batalla de Annual y Buharrat. Participó también en la defensa de la ciudad de Valencia. Cuando se exilió, residió en el campo de internamiento de Orán. Fue uno de los comandantes de la Segunda División Blindada del general Leclerc y participó en el desembarco de Normandía. Abrió el desfile de la victoria de los Campos Elíseos el 16 de agosto, finalmente murió a causa de una accidente de automóvil.

Por último, nos encontramos con Antonia Mecha. Esta mujer padeció la cárcel durante los primero años de la posguerra y acabó en un sanatorio mental hasta que murió en 2005. La mujer natural de Elche se dedicó a la enseñanza e inició estudios de Medicina en la Universidad de Murcia. Cuando empezó la guerra fue secretaria de un comisario. Al terminar la guerra fue detenida y encarcelada y tres años después fue condenada a seis años de cárcel y un día por excitación a la rebelión. El juicio permitió la liberación de Antonia aunque pronto fuera detenido otra vez tras la muerte de un policía de Elche y juzgada por juicios sumarísimos. A partir de entonces, Antonia poco a poco empezó a perder la cabeza y a ingresar en sanatorios mentales de Murcia, Valencia y Alicante, donde murió.

VALORACIÓN CRÍTICA

Como ya hemos podido ver, el argumento del libro trata un tema general y a la vez particular. Trata en un primer plano sobre la represión de los españoles surgida a raíz de la Guerra Civil, y en planos con menos atención pero no menos importantes sobre la contienda y la sociedad de la época. Leyendo, anotando e indagando a través de la obra hemos podido descubrir los cautiverios que hubieron podido sufrir algunos de nuestros antepasados no muy lejanos y sobre la inmensa masacre que sobrepasó además las fronteras españolas y produjo más de medio millón de víctimas.

En líneas generales podría decir que el libro se lee con mucha comodidad. Cada capítulo muestra un pequeño mundo que surgió tras la Guerra Civil que posiblemente desconocíamos. La cantidad de fotografías históricas y gráficos hacen el libro mucho más fluido y cimientan los argumentos de los autores. Además, hay numerosas anécdotas que ayudan a entender lo ocurrido. Es de tal importancia también el lenguaje empleado. No usa gran cantidad de tecnicismos y ayuda a que la lectura sea clara, concisa y ligera.

Mucha gente pensará que la Comunidad Valenciana no tiene importancia frente a la comunidad de Madrid o el País Vasco, pero la Comunidad Valenciana fue de las últimas comunidades en las que llegó el Ejército franquistas y donde más exilio pudo haber. El propósito del libro es informar sobre la importancia que tuvo la República y esta ideología en la zona levantina.

Es apreciable que los autores se han molestado en documentarse muy bien y en explicar lo sucedido con la mayor objetividad posible, como debe hacer un buen historiador. En definitiva, es un libro que está bien y se deja leer. Seguramente sea una buena vía para acercarse a la guerra civil española y la posguerra para aquellos que quieran tener una visión general o particular de lo ocurrido.

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