SOMNIIS

Son las cuatro de la tarde de un día de verano. Los rayos de un Sol potente atraviesan el cristal de la ventana y esquivan a su vez el lino de la cortina. Las montañas que se ven brillan con esplendor.

Ella y yo. Tumbados en mi cama. Un rayo de Sol nos toca. Nos miramos fijamente. Me cojo a su espalda. Estoy feliz. Tengo la sensación de no querer soltarla nunca. Daría lo que fuera por poder parar el tiempo en ese momento.

Sus labios me piden que la bese. Sus ojos mienten. No se que hacer. Me acerco a ella. No le quita la mirada. Me acerco más. Le rozo la nariz con mi nariz. Huele a vainilla. Sonrío, sonríe.

Sin darme cuenta, mis labios ya han tocado los suyos.

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