FIEBRE DEL SÁBADO NOCHE

Uno no encuentra las palabras exactas para el momento adecuado. Eso que ocurre cuando te dicen algo en la cara y no sabes como reaccionar. Después de un rato, cuando piensas en ello, se te ocurre que podrías haber dicho. Pero ya es tarde. Lo mismo pasa con los actos, con las acciones. Quizá más que con las palabras. Te entra rabia, coraje de no haberlo hecho cuando tocaba. Una sensación de impotencia e imaginas como será la próxima vez. Esa vez que puede que ya nunca llegue -quien sabe- porque, como según dicen, los trenes sólo pasan una vez en la vida. Pero vamos, yo creo que están equivocados. Los trenes pasan cuando los perseguimos y por más que nos lo nieguen, anhelamos subirnos en ellos.

Una noche de discoteca. Cuando ves a una chica que te gusta, la miras. Te mira. Guiñas un ojo. Ella sonríe. Pasas por su lado para saludarle. Te ve, pero se hace la loca. Te pones detrás. En cualquier momento te mirará. Te mira. Le preguntas que como está. – ¿Quieres beber algo? No gracias, ya he bebido bastante por hoy. Y llega el momento. El momento en que ponen la nueva canción de Luis Fonsi. Suavecito. Te mira. La miras. Y le coges la mano para empezar a bailar juntos. Me gustan esos momentos.

Tu cerebro ya no reacciona. La chica que te gusta está bailando contigo. Tu cuerpo se ocupa de ti, y sólo quieres tenerla cerca. Estáis cerca. Tu mano le da una vuelta. Ella intenta darte una vuelta, pero ni ella llega ni a ti te gusta. Le pasas la mano para la espalda. Te la acercas a tu cuerpo con iniciativa. Cuerpo con cuerpo. No sé que viene ahora. Yo también estoy un poco bebido. Le miras los ojos. Ellos no me miran a mí. Le miro los labios. No sé si me buscan. Me los muerdo. Para estas cosas no soy muy bueno. Ella se ha dado cuenta. Me mira. Pasan un par de segundo y se separa. Me sonríe y se vuelve hacia sus amigas. Yo me muero.

Muerte súbita. ¿Se puede alguien arrepentir de algo no ha hecho? Está claro que sí. Me arrepiento que, en esos dos segundos cuando estaba con ella, no haber intentado besarla, algo por lo que me moría y que lo tenía casi en la palma de la mano. Y no sabes como habrá continuado. Lo peor no es eso. Lo peor viene después. Cuando te vas a casa. Chispea, vas borracho. Parece que estés en una película romántica. Sólo te falta llorar, pero lo hombres nunca lloran. Te enfadas, no con alguien, sino contigo mismo. De verdad. Le das un puñetazo a la señal. Sólo faltaba romperte la mano. No quieres hablar con nadie. Sólo llegar a casa y meterte en la cama. Una cama que te esperando. Solitaria y fría, como tú.

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