¿Desearías olvidar tus recuerdos o mantenerlos para siempre?

No somos dueños de nuestros recuerdos. Así ocurre en el capítulo Toda tu historia de la serie Black Mirror, en el que la sociedad se ha insertado un pequeño chip que llaman grano en la piel para no volver a olvidar todo aquello que sucede en su día a día. Pero ¿qué consecuencias puede contraer?

Una multinacional, en la vanguardia de la tecnología, ha sido quien ha insertado estos microchips creando un negocio redondo. Lev Manovich afirma que las empresas creadoras de software como, por ejemplo, Google, Yahoo, Microsoft o Linux, son las que se encuentran en el centro de nuestra sociedad, abarcando desde ámbitos económicos y culturales, hasta sociales e incluso políticos. Las compañías relacionadas con bienes físicos y energía aparecen en segundo plano, como General Electric, General Motors o Ford.

La empresa en cuestión está vinculada al propio estado, ya que en el control del aeropuerto, mientras hoy en día debes mostrar tu Documento Nacional de Identidad, en el episodio debes rebobinar los recuerdos de tus últimas 24 horas y de los últimos siete días. De este modo, la seguridad es la que se encarga de saber dónde y cuándo has estado en cualquier lugar y de identificar los rostros que has visto en ese periodo de tiempo violando nuestra intimidad. Al insertarse el chip, han perdido su total privacidad. La empresa es la propietaria de su memoria pudiendo venderla al mejor postor sin que ellos llegaran a enterarse. Parece una barbaridad, pero no es algo de otro mundo. Actualmente sucede a diario. Cada día, cuando entramos a Internet, dejamos un pequeño rastro de aquello que hemos visitado, de aquello que tenemos especia interés. Esto son las cookies.

Existen diferentes posturas sobre estas pequeñas informaciones que almacena tu navegador, de modo que el sitio web que vayas a visitar puede obtenerlas, ofreciendo una experiencia más personalizada a los internautas. Por ejemplo, si entras en Amazon para buscar un teléfono móvil, la página que visites posteriormente hará publicidad sobre Amazon y cuyos móviles habías mostrado interés. Por un lado, las cookies guardan datos como direcciones y contraseñas, números de teléfono, dirección IP… es decir, cualquier información tecleada o proporcionada cuando los sitios webs lo solicitan, aunque no todas las páginas webs lo hacen.

La versión positiva se basa en que muchas veces nos da pereza volver a escribir nuestros números de teléfonos, direcciones, nombres y apellidos, por lo que una de las funciones de las cookies se basa en recordar esta información y proceder a la función de autocompletar los formularios. Cuando entramos a Twitter o Facebook desde nuestro navegador, personalmente, me gusta que abra automáticamente sin tener que escribir mis datos de forma continuada cada vez que inicio sesión. Por otro lado, como ya hemos comentado en líneas anteriores, con la labor de las cookies y la mala intención de algunas páginas se está acabando la privacidad al navegar en Internet, con la obtención de datos personales que los usuarios no darían si se les consultara.

Más allá de los efectos en el ámbito tecnológico, este tipo de mecanismos afecta a la esfera personal, puesto que puedes mostrar tus recuerdos en una pantalla tal y como los has vivido. ¿Dónde queda el relato de una historia y, por ente, la imaginación? No existe ese procedimiento de escucha activa hacia la persona que describe, además, sus impresiones, sentimientos y emociones. En la era actual, ese rol es ocupado por las redes sociales. La sociedad y en mayor medida los jóvenes, publica su día a día tanto en Facebook, Twitter e Instagram. Subimos vídeos e imágenes de aquello que nos sucede, de nuestras excursiones y viajes, de nuestras salidas y entradas… Existe cierta similitud entre el argumento del episodio y las redes sociales, pero hay grandes diferencias. Mientras que en el primero, muestras tus vivencias tal y cómo suceden sin tener opción a editarlas o modificarlas -pero si borrar escenas, quedándose espacios en blanco-, en las redes sociales muestras la parte que más te conviene, la que crees que les interesa a tus amigos. De este modo, puedes llegar a inventarte una personalidad nueva que solo será conocida por los internautas pues estos, si no están cerca de tu círculo social, no podrán corroborar si es cierta o no.

Por otro lado, los recuerdos orgánicos pueden ser alterados mediante situaciones y experiencias. Se pueden tener dudas del cómo, de quién o de cuándo ocurren las cosas y, al final, caer en el olvido. Con esta tecnología no vuelves a olvidar nada de lo que has vivido, una solución posible, yendo al extremo, para las personas enfermas de Alzheimer. Porque, ¿a quién le gusta olvidar? Es negativo mantener los recuerdos, pues la obsesión de uno de ellos puede afectarnos de manera significativa y de forma perjudicial. En el capítulo, la situación extrema lleva a uno de los protagonistas a amenazar con violencia física a uno de ellos, quien muestra sus recuerdos en la pantalla. El protagonista los ve, pero al poder analizarlos más tarde se da cuenta de una imagen en la que su mujer le ha sido infiel y finalmente pierde a su familia, porque hay momentos que es mejor estar en la ignorancia que enterarse de todo lo que ocurre.

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