TAUROMAQUIA, UN PUNTO A FAVOR DE ESPAÑA

El maltrato animal se reduce en los últimos años

Para los seguidores del Toro de la Vega, el año 2016 ha sido un año nefasto. Este ha sido el primero después de muchos en el que se ha prohibido herir al animal con lanzas provocándole la muerte. No matar a la res fue aprobado por decreto-ley en mayo de este mismo año por la Junta de Castilla y León. Tras la victoria del Partido Animalista en Tordesillas, ahora PACMA se centra en una localidad soriana donde se lleva a cabo la celebración del Toro Jubilo de Medinaceli. Allí, se celebra el toro de fuego (o bou embolat en la Comunidad Valenciana) al que se le pone dos bolas en los cuernos impregnadas de azufre y aguarrás, y que arden cerca de una hora. Esto le produce al animal varias secuelas; entre ellas, pueden destacar la caída de las córneas y disminución de su capacidad visual, quemaduras en la cabeza y estrés al no poder desprenderse del fuego.

A partir del año 2013, las comunidades autónomas empezaron a modificar su reglamento frente a estas fiestas y muchas comenzaron a denegar subvenciones y eliminar estos actos de su comunidad. En Cataluña, por ejemplo, después de la aprobación de la iniciativa legislativa popular regional del 2008 para prohibir las corridas de toros, llegó otra ILP promovida por los taurófilos a nivel nacional que fue admitida a trámite por el Congreso de los Diputados y que acabó por aprobar las corridas. Finalmente, en 2010, el Parlamento Catalán abolió las corridas con mayoría. Se convirtió así en la segunda comunidad en eliminar las corridas de toros, después de que lo hicieran las Islas Canarias en 1991. Pese al fallo que marcó el Tribunal Constitucional hace unos meses, el cual reiteraba la anulación a la prohibición de corridas en la comunidad, Cataluña seguirá sin poder celebrar estos espectáculos por razones externas a la Ley: la única plaza de toros en la que se podrían llevar a cabo es la Monumental de Barcelona (muchas fueron reformadas después de 2010 y carecen de enfermería o establos) y, además, si no resultaban nada rentables años antes, ahora menos.

Aunque el territorio español esté viviendo unos años polémicos frente el sí o no a la tauromaquia, la Junta de Andalucía ha optado por no llevar a trámite la normativa de regulación de la misma y seguir subvencionando las escuelas de este arte con los 95.000 euros de cada año. El Ayuntamiento de Córdoba, por otra parte, ha decidido retirar las ayudas. A pesar de no tener ninguna regulación, las celebraciones de estos festejos se han reducido notablemente según datos oficiales del mismo Gobierno de Andalucía. En el año 2005, el número de festejos con toros en la región andaluza llegó a los 5.330; en 2007 a 1.208, y el año pasado a 699. Cabe mencionar que en 2015 las corridas de toros se redujeron más de un 92% respecto el 2005, respectivamente, 80 y 1.113.

La Comunidad Valenciana ha retirado la subvención a la tauromaquia. La Alcaldía de la ciudad de Valencia ha acordado mantener las corridas de toros, pero sin que se llegue a matar al animal o cualquier tipo de maltrato. En Alicante, el próximo año acabará el contrato que el Ayuntamiento tiene con la empresa Toros Mediterráneos para la explotación de la plaza de toros, y se tomará a consulta la decisión de los ciudadanos a decidir si quieren o no que «se cedan espacios públicos para el maltrato animal», así lo decía Marisol Moreno, concejala de Juventud y Protección animal. En muchas localidades se ha tomado en cuenta la voz de los ciudadanos para decidir el o el no a los festejos con estos animales, y pueblos como Sueca, Xátiva, Aldaia han decidido en consenso la prohibición. En Tavernes de la Valldigna, pese a que la consulta popular prohibiera la celebración de festejos de este tipo, los vecinos pudieron disfrutar de la fiesta con bóvidos. En Gandía, por ejemplo, se han suprimido las corridas por considerarlo maltrato animal y por el gasto público que suponen.

Castilla – La Mancha, por otro lado, se convierte en la comunidad con más festejos taurinos realizados. Aunque no se hayan prohibido estas fiestas, se han aprobado una serie de regulaciones para mejorar (en la medida de lo posible) las condiciones, tanto la de los animales como la de los participantes. Algunas de estas son la posibilidad del presidente de la fiesta a ordenar la suspensión de la celebración cuando las reses sean objeto de maltrato a vista de los veterinarios. Se prohíbe también la participación de vehículos a motor como quads o motocicletas para encierros en el campo. Se implanta una zona de seguridad mínima de 300 metros entre el ganado y los espectadores. Por ello, solo los caballistas podrán acompañar los encierros por vías rurales.

Bien se ha dicho que la tauromaquia representa a la cultura española y es (era) una de las tradiciones más características. Esta actividad tiene sus antecedentes en la Edad de Bronce, cuando el toro era símbolo de fortaleza y bravura, y poder saltarlo era el paso de cruzas de la adolescencia a la madurez. En la Antigua Roma, uno de los juegos más participativos de los gladiadores era este. Poco a poco, ha ido evolucionando.

Para muchos seguidores, la tauromaquia es un arte, es un arte que encontramos reconocido en pinturas de Goya o en la literatura como la de García Lorca entre otros artistas destacados. Para los festejos taurinos, normalmente, se utiliza la raza toro de lidia, pero, según los partidarios a estos espectáculos, una vez que se suprimas las corridas, este se podría extinguir a causa de la poca rentabilidad que les sale a los ganaderos. Si es cierto que es una de las industrias culturales más rentables en España, después del futbol, pues mueve más de 1.600 millones de euros al año. Mueve también el empleo español ya que genera más de 200.000 puestos de trabajo, un 1,16% de la ocupación laboral de la población. Existe una gran controversia cuanto a los beneficios que le supone al Estado la tauromaquia. Los taurinos afirman que es muy rentable porque aportan grandes beneficios a las arcas del Estado ya que las subvenciones a este ámbito son mínimas, mientras que los antitaurinos lo desmienten apoyándose en la reducción de espectadores y festejos.

Como cada año, el Ministerio de Cultura lleva a cabo una encuesta propia para valorar a la población española en su conjunto. En 2015 se inscribieron en el Registro General de Profesionales Taurinos 10.481 personas; a parte, aquellos que disfrutan de las reses en su tiempo libre, como recortadores populares. Según el mismo informe, el total de personas que asistieron a estos eventos rozaba los 6.125.000 personas, un 13% de la población total.

¿Piensan que los que están en contra de estos festejos están en contra de España? Al parecer hay políticos que si apoyan esta postura: «Algunos antitaurinos lo son por ser antiespañoles», así lo definía Esperanza Aguirre en el pregón de la fiesta taurina de Sevilla. Por consiguiente, según una entrevista al torero ya retirado, Jaime Ostos en Espejo Público, este afirmaba que el dolor de las banderillas tarda 20 minutos en llegar al cerebro del toro, por lo que este no sufre cuando se mata. «El dolor, cuando se le clavan objetos punzantes como son las banderillas, es inmediato», así nos lo apuntaba José Enrique Zaldívar, Presidente de AVATMA. Sí que es verdad que la intensidad de dolor depende de cada animal y, además, antes del tercio de banderillas, el bóvido ha pasado por otras fases que le han hecho descargar adrenalina que podría influir en la percepción de ese dolor. Cabe destacar que, aunque los taurinos apuntan que es el segundo espectáculo de masas: «Es en realidad el décimo -argumenta la Asociación-, tampoco entendemos o no queremos entender que se defienda por el mero hecho de la tradición».

Por el contrario, como se ha dicho mucho en estos tiempos, la tortura no es cultura. Por muchos años que hayan pasado de tradición, hacer sufrir a un animal es «inmoral». Solo hay que ir unos siglos anteriores: era costumbre también la esclavitud o el castigo por la Santa Inquisición, y eso ya se ha quedado atrás (excepto para algunas empresas). «La raza de lidia es una raza autóctona española y como tal está protegida por el Estado, que tiene la obligación de evitar su desaparición», dice AVATMA. El Ministerio de Agricultura ha creado un proyecto para la mejor de la raza de lidia, subvencionado y controlado por él mismo.

Al fin y al cabo, España está valorando el fin de la tauromaquia, y los festejos taurinos se están reduciendo notablemente. El pragmatismo es el gran intérprete. ¿Sería una solución los festejos taurinos sin maltrato? AVATMA piensa que no: «Padecen miedo desde el mismo momento en que son separados de su manada, embarcados en el camión de transporte y sometidos al festejo».

Es importante tener en cuenta que, por el simple hecho de que el animal no se pueda comunicar con nosotros, pensemos que pueda sufrir menos. Todos los animales sufren, no solo los toros: un perro al darle una paliza o al tirarlo de casa; un elefante para adiestrarlo en el circo; los leones o tigres negándoles la comida para que estén furiosos; o incluso los peces que se enredan en los plásticos de Coca Cola. Pero esos ya son otros temas. A ver si en vez de ser ellos los animales, vamos a ser nosotros.

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